A veces un cáncer puede mejorar nuestro nivel de consciencia y disminuir nuestras indecisiones. Al mostrarnos la brevedad de la existencia un diagnostico de cáncer puede llevarnos a descubrir y comprender el auténtico sabor de la vida.
Pocas semanas después de mi diagnostico tuve la sensación de que me quitaba un velo de los ojos que hasta entonces había entorpecido mi visión de la realidad.
Una tarde me quedé mirando a Juana. Estaba sentada concentrada y tranquila traduciendo unos poemas. Creo que por primera vez la vi tal como era. Observé el mechón de cabello que le caía cuando bajaba la cabeza hacia el libro, sentí ternura. Observé a sus dedos sujetando el lápiz con suavidad, aprecié sus manos. Nunca me había fijado en las leves contracciones de su mandíbula cuando trataba de encontrar la palabra adecuada, me sonreí.
De repente la veía tal cual era, sin entrometer mis conceptos y mis dudas. Por primera vez su presencia se volvió realmente interesante y conmovedora. Me sentí afortunado de poder apreciar y disfrutar ese momento y de tenerla cerca. Descubrí una nueva y mejor dimensión de la vida.

