Hoy me pareció apropiado ofrecerles algunos datos sobre los carnavales, fiestas que con tanto entusiasmo se celebran en muchas partes del mundo.
Actualmente es una celebración pública que tiene lugar antes de la cuaresma cristiana, con fecha variable (desde finales de enero hasta principios de marzo según el año) y que combina algunos elementos como disfraces, desfiles, y fiestas en la calle.
El origen de su celebración parecen ser las fiestas paganas como las que se realizaban en Grecia en honor a Dionisio, el dios del vino también llamado Baco, e inspirador de la locura ritual y el éxtasis. O luego, durante el Imperio Romano, las fiestas Saturnales, en honor al dios Saturno, varios días para celebrar sin inhibiciones y olvidarse de las preocupaciones; y las Lupercales, para celebrar la iniciación de los Lupercos (sacerdotes especiales). O las que se realizaban en Egipto en honor del buey Apis hace más de 5.000 años.
A comienzos de la Edad Media de las costumbres de la Iglesia Católica podemos deducir una etimología de carnaval: del latín carne-levare, que significa ‘abandonar la carne’, lo cual era la prescripción obligatoria durante todos los viernes de la Cuaresma. Algunos consideran que para la sociedad rural, fuertemente estructurada por el cristianismo, el tiempo de «carnestolendas» ofrecía mascaradas rituales de raíz pagana y un lapso de permisividad que se oponía a la represión de la sexualidad y a la severa formalidad litúrgica de la Cuaresma.
Posteriormente surgió otra etimología que es la que actualmente se maneja en el ámbito popular: la palabra italiana carnevale, que significaba la época durante la que se podía comer y celebrar la carne.
Pero a fines del siglo XX varios autores comenzaron a vislumbrar otros origenes paganos. Fiestas Celtas dedicadas a Carna, la diosa de las habas y el tocino. Fiestas indoeuropeas dedicadas al dios Karna. O una antigua tradición en la que se ofrecía carne al dios Baal (carna-baal) en una fiesta de donde todo vale.
¿Que tal?

