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Manten tu Cerebro Joven

En su manual “Tu Cerebro Más Joven”, Tony Buzan pone como ejemplo de longevidad intelectual una comunidad de monjas en Minnesota (EE UU) llamada Mankato.

Esto ha interesado a los investigadores del envejecimiento cerebral ya que muchas de estas mujeres superan los 90 años y hay una cuantas centenarias con una asombrosa agilidad mental.

Una monja de esta comunidad fue portada de la revista Life porque impartió clases hasta los 97 años. Otra hermana se jubiló de su trabajo a los 99 años.

Un profesor de la Universidad de Kentucky investigó por qué entre estas mujeres hay un índice de demencia senil y otras enfermedades mentales muy inferior a la media. La respuesta es que las monjas de Mankato hacen todo lo posible para mantener la mente ocupada en su vida diaria.

Compiten en concursos, resuelven pasatiempos y mantienen debates, escriben en sus publicaciones, dirigen seminarios y dan clases. Sin duda el estímulo diario revitaliza los conectores del cerebro, que tienden a atrofiarse con la edad, haciendo que se ramifiquen y creen nuevos vínculos.

Estudiosos del cerebro humano han demostrado que la red neuronal nunca es la misma, ya que dependiendo de nuestra actividad fortalecemos unas conexiones a la vez que debilitamos otras. Cada experiencia enciende su propio patrón de neuronas, por lo que el mapa cerebral se estimula y evoluciona sin cesar o lo contrario.

Conclusión: puesto que el buen estado de los circuitos del cerebro depende de lo que hacemos con él, podemos evitar la pérdida de facultades mentales estimulando nuestra materia gris con retos y practicas de calidad.

Caminando…

Desde hace varios años camino por un sendero en El Avila, la bella montaña al norte de Caracas.  Aunque lo hago en horas de trabajo para la mayoría casi siempre me encuentro con otras personas.
Al principio comencé por mirar a la gente en los ojos en señal de saludo, de reconocimiento de su persona, queriendo evitar hacerme el indiferente o despreciativo.  Pero me molestaba cuando alguien no me miraba y parecía ignorarme.
Luego decidí dar los buenos días y observé que algunos me respondían y otros no.  La actitud de estos últimos también me molestaba, y pensaba,  “que amargados, que acomplejados”…
Luego di lo buenos días con mas énfasis, como para obligarlos a contestar.  Casi todos me contestaban, y los que no lo hacían los seguía condenando de amargados, resentidos, etc…
Un día comencé a cuestionarme, “¿Porqué me molesto cuándo me ignoran… por qué…?  Bueno, la verdad es que me molesta que me ignoren, que no me tomen en cuenta…Pero en verdad ese es mi problema…es cuestión de ego, de rollo mental…  Y además, molestarme me hace sentir mal, me hace daño, y nada gano…No me voy a molestar mas.”
Después observé que algunos me miran a los ojos y con ese reconocimiento parecen considerar que es suficiente, que no es necesario abrir la boca para decir buenos días.  Que no hace falta abrir la boca para saludar a alguien.  Pienso que tal vez actúan así para evitar un gasto de energía innecesario…Quizás tienen razón.
Ahora solo miro a los ojos en señal de reconocimiento, contesto a los que me saludan y acepto a los que me ignoran.  Y de estos últimos pienso, “Bueno, tienen sus rollos, sus resentimientos, pobrecitos, ojala pudiera ayudarlos.”… Lo lamento por ellos, no han conocido lo que es el amor en general, ni el amor por ellos mismos, ni por los demás.
Vivir sin saber verdaderamente lo que es amar lo que nos ofrece cada día y especialmente a los demás (que son lo mas importante para nuestra relación vital),  es vivir a medias, es vivir en la confusión, es vivir sin disfrutar realmente de la vida.