La vida puede ser maravillosa cuando nos aproximamos cada vez mas a nuestro estado natural de armonía. Algunos afortunados que no son dañados en su infancia por padres confundidos, ignorantes e infelices, crecen sanos y en armonía. Pero la mayoría no somos tan afortunados y necesitamos despejar la mente de ideologías y traumas, especialmente con prácticas apropiadas, para gradualmente ir logrando ese maravilloso estado de armonía.
Seguidamente les ofrezco un poema de Walt Whitman relacionado con esto.
Canto a Mi Mismo. Parte 5
Creo en ti alma mía,
Aun mas, mi otro yo debe someterse a ti,
Y tu no debes someterte a el.
Echate conmigo en la hierba,
Libera la presión de tu garganta;
No quiero palabras, ni música, ni rimas,
Ni tradiciones, ni consejos, ni aun lo mejor;
Solo quiero la calma,
El suave murmullo de tu voz constante.
Recuerdo cómo descansábamos
Aquella transparente mañana de verano;
Como te centrastes entre mis caderas
Y vibrando suavemente dentro de mi
Abristes la camisa que cubría mi pecho;
Y como con tu flujo colmastes mi corazón vacío y abierto,
Y alcanzástes hasta tocar mi barba,
Y alcanzástes hasta tomar mis pies.
Lentamente surgió, expandiéndose por todo mi ser
Esa paz, ese conocimiento y esa dicha
Que están por sobre todas las discusiones de la tierra;
Y supe que la mano de Dios es promesa de la mía,
Y supe que el Espíritu de Dios es hermano del mío;
Y que todos los hombres que han vivido y que viven
También son mis hermanos,
Y que todas las mujeres son mis amantes y hermanas,
Y que toda la creación es un canto de amor.
E ilimitadas son las hojas, muertas o cayendo en los campos,
Y las hormigas en las pequeñas cuevas dónde viven,
Y las costras mohosas en las viejas barandas,
Los montones de piedras, el malojillo, el toronjil, la yerbabuena.
Walt Whitman, Estados Unidos, 1819-1892

