Cuando comienza un cáncer todo el organismo entra en guerra ya que las células cancerosas se comportan al margen de la ley. Con sus genes anómalos escapan los mecanismos que defienden a los tejidos normales, comienzan a dividirse y a diferencia de las células normales no mueren. Luego ignoran las señales enviadas por los tejidos circundantes que alarmados por falta de espacio les envían señales para que dejen de multiplicarse. Pero tambíen envenenan a esos tejidos con las sustancias que producen, y esa intoxicación causa una inflamación que estimula aun mas la expansión de las células cancerosas a costa de los territorios vecinos. Luego, para recibir oxígeno y nutrientes controlan los vasos sanguíneos que tienen cerca y los fuerzan a multiplicarse, y así se van convirtiendo en un tumor.
Sin embargo, estas arremetidas tienen sus puntos débiles y en determinadas circunstancias estos grupos de células agresivas llegan a descomponerse y desaparecer antes de llegar a ser un tumor. Esto se da cuando el sistema inmunológico se moviliza contra ellas, o cuando el organismo se niega a generar la inflamación sin la cual no pueden crecer e invadir, o cuando los vasos sanguíneos se niegan a reproducirse.
Para que estas defensas tengan mas posibilidades de funcionar es necesario practicar actividades que tienden a elevar el nivel energético del organismo. Prácticas como alimentación apropiada y desprovista de tóxicos y ejercicios diarios, preferiblemente aeróbicos como caminar, nadar o bicicleta. También disciplinas orientales tales como yoga, taichi u otras, y prácticas como la oración espontánea y la meditación. Todas ellas nos llevarán a tener un mejor contacto con nuestro Espíritu-Energía, nuestra fuerza vital, fuente de armonía y salud.

