Hace pocos días tuve el gran placer de presenciar el estupendo concierto que ofreció la orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas, dirigida por Eduardo Marturet, en homenaje a la gran mujer que fue Alegría Beracasa, protectora de las artes en todos sus aspectos.
Conocí la nueva Sala Simón Bolívar, un espacio para ofrecer conciertos u otras manifestaciones artísticas, que por si mismo me pareció una obra de arte extraordinaria. Todo su interior revestido de bellos paneles de madera superpuestos en diferentes formas, asientos con diseño de Cruz Diez, y un órgano espectacular donado por la Fundación Polar.
Mucho me impresionó ver a ese grupo de jóvenes tocando tan bien y con impresionante energía. Dios los bendiga a todos. Con razón la gente se vuelve loca cuando los oye.
Comprendí, realmente, la labor extraordinaria-humanitaria que ha estado realizando José Antonio Abreu, creador y promotor de todas estas orquestas juveniles, que tanto gustan y benefician al mundo, especialmente a la humanidad venezolana.
Mucho me gustó la interpretación de la extraordinaria y energética Obertura Festiva de Dmitri Shostakovich. Sube el ánimo a cualquiera. Me sentí agradecido de estar allí y vivir esos momentos de gran bienestar…

