Siempre encontramos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y así determinamos una línea de pensamiento negativa. Pero cuando nos basamos en cómo queremos mejorar nuestra vida determinamos una línea positiva. Cuando nuestro cerebro establece algo, nosotros lo vivimos como absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.
La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar (con tomografía de emisión de positrones) que las personas que deciden hablarse a sí mismas de una manera positiva, específicamente personas con trastornos psiquiátricos, consiguen remodelar físicamente su estructura cerebral, especialmente los circuitos que les generan estas enfermedades. “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.
Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, y cambiamos nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. Con frecuencia no vemos el mundo que es, sino el mundo que podemos ver.
Las palabras por sí solas activan los núcleos del cerebro. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos han demostrado que cuando la persona consigue reducir ese constante proceso mental interior y entrar en el silencio, los dolores de cabeza y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
El miedo nos impide salir de la zona de confort; tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona. La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente. Con frecuencia reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad hay que superar los automatismos.
Cada vez es más evidente el poder que tiene el entrenamiento de la mente. Por ejemplo, podemos cambiar hábitos de pensamiento y entrenar la integridad honrando nuestra palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos, alteramos físicamente nuestro cerebro. Cuando mentimos sucede igual. Escribir algunas frases bien positivas, expresando lo que queremos ser, y repetirlas a diario, es excelente práctica.
Diariamente, en cada momento que puedas, conéctate con tu corazón concentrándote en la respiración, y desde allí envía luz y amor a la vida en todas partes. Este es el servicio más importante que puedes brindar: “participar activa, consciente y amorosamente en elevar la vibración de la humanidad.”
(Psico-neuro-inmunobiología es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, y el sistema orgánico del ser humano).

