Uno de los problemas que han surgido con más fuerza en las últimas décadas es el de la baja autoestima que tantos sufren, especialmente en el mundo occidental. Se define la estima como “la consideración o el aprecio que se hace de una persona por sus cualidades y logros”. Autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos. Baja autoestima es no creer en uno mismo, no querernos lo suficiente, sentirnos menos que otros.
Psicólogos y sociólogos afirman que las circunstancias materiales y culturales que hoy vivimos son uno de los factores principales que generan baja autoestima. Las parejas y las familias se separan con frecuencia, las religiones generan confusión y culpabilidad. El trabajo – fuente de estima y seguridad – o no lo encontramos o es por debajo de nuestra capacidad. Los modelos de vida que nos presentan los medios de comunicación causan comparaciones negativas. Las relaciones sociales, debido a los cambios de trabajo a diferentes localidades o a migraciones, tienden a deteriorase y dificultarse.
Como resultado se manifiestan una serie de autoevaluaciones negativas que el individuo muestra en su comportamiento y lenguaje: “No sirvo para esto”, “No puedo hacerlo”, “No me gusto”, “No me quiero”, “Nunca me va a pasar nada bueno”. Estos pensamientos, incluso aunque no se verbalicen y permanezcan como diálogo interno, se van convirtiendo en un hábito muy negativo y difícil de superar.
El origen de esta negatividad en muchos casos está en la infancia. Se calcula que en los primeros años de vida un niño escucha cerca de 500.000 “NO”, y 300.000 frases como: “Eres un niño malo”, “No sirves para nada”, “Eres un cochino”, “Si te portas mal no te voy a querer”, “No hagas eso”, “No me fastidies”, etc. Estas expresiones son una fuente de inseguridad y rechazo que permanecen en nuestra mente y que afloran en la vida cuando las circunstancias son adversas.
Surgen entonces la depresión, la falta de fe y de esperanza, la impotencia. El individuo se rinde y se considera merecedor de todo lo malo. Está expresando una falta de amor y seguridad hacia sí mismo inculcada en su infancia.
Los patrones de pensamiento frecuentes nos hacen ser lo que creemos que somos, nos hacen llegar hasta donde creemos que podemos llegar y nos hacen hacer menos de lo que podemos. Los que sufren de poca estima tienen cientos de pensamientos negativos al día, y si fuéramos conscientes de ello podríamos corregir el problema.
Hay varios métodos y prácticas que pueden ayudarnos a superar y erradicar esos pensamientos para mejorar nuestra vida. Yo recomiendo la oración espontánea, la meditación, la buena nutrición y el ejercicio. Y si se puede, algunas sesiones con un buen psicólogo. Consciencia y respiración.

