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Una Tarde Bellísima…

Me alegra ver una tarde bellísima, despejada, apenas pocas nubes sobre la cordillera.  ¿Cómo estará el mar del otro lado?   Desde mi ventanal veo a El Avila, la maravillosa montaña que protege y embellece a Caracas, con unas nubecitas arriba.  Las lluvias recientes lo han reverdecido y se ven los grandes árboles con claridad.  Ahora recibe los últimos rayos del sol que lo alumbran y alegran con un tono rojizo..

Temprano en la tarde, como frecuentemente lo hago, estuve caminando por un sendero de esa misma montaña.  Allí a veces llego cansado y preocupado, pero al poco rato la mente se tranquiliza y va surgiendo el Espíritu que renueva y anima.  Me contento de estar en ese ambiente y me siento agradecido.

Ese sendero cubierto de vegetación, esa energía vegetal que me nutre y fortalece.  Ese caminar que estimula mi cuerpo y armoniza mi mente.  Esos momentos que renuevan y me unen al Espíritu…

Ese caminar con la naturaleza lo considero una práctica excelente para el cuerpo y la mente que debe hacerse con frecuencia.  Creo que si muchos mas de nosotros mantuvieran un contacto cercano y frecuente con la naturaleza el mundo estaría mucho mejor, y la naturaleza también…Los quiero.

Armonía o Desarmonía.

Creo que Osho es la mente mas brillante que he conocido.

Cuando estuve en el Osho Meditation Resort en la India – que por cierto es un lugar muy agradable, con excelentes instalaciones, y básicamente creado por el – me di cuenta de su Espíritu super avanzado. Desde entonces he estado leyendo algunos de sus escritos, uno de los cuales quiero compartir con ustedes.

“Podemos estar en armonía con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, o en desarmonía.”

“Cuando estamos en armonía nos sentimos bien y tranquilos, hablamos solo cuando realmente lo sentimos y nos relacionamos bien con los demás; disfrutamos de la vida y vamos logrando una situación económica estable.”

“Cuando estamos en desarmonía nos sentimos angustiados, tensos, hablamos demasiado, alejamos la gente de nosotros, no sentimos verdadero bienestar ni logramos estabilidad económica.”

“Sin embargo, poca gente se da cuenta de que está mas o menos en desarmonía, o esta dispuesta a aceptarlo, por lo cual no hacen nada para remediarlo y siguen viviendo mal o a medias.”


Bienestar y viajar…

Algunos dicen que los camellos son feísimas avestruces con cuatro piernas.  Sin embargo durante varios días al norte de Kenya, gracias a estos animales, disfrutamos una enriquecedora y emocionante experiencia.

Un safari apoyado con camellos que nos permitió una intima conexión con la naturaleza y sus gentes.  La mayoría del tiempo no fuimos montados en ellos, gracias a Dios, sino caminando tranquilamente a su lado mientras ellos cargan el equipaje.

Una pareja de ingleses ha estado organizando estas  expediciones para promover la conservación de la naturaleza y las costumbres de la región.  La idea es que los visitantes aprendan a amar este lugar y sus gentes para que se sientan inspirados a apoyar su conservación.

Para el viajero entusiasmado el safari es lo que importa.  La aventura comienza cuando el bimotor aterriza en Laikipia, remoto lugar en Kenya central.  De allí en Jeep hasta el primer campamento ubicado bajo acacias y otros frondosos árboles, donde nos encontramos con todo el equipo reunido: 19 camellos y 15 espectaculares nativos de las tribus Samburu, Turkana y Masai.  Nos encantó la idea de formar parte de una caravana que va por el monte, pero también el hecho de pasar días alejados del mundo “civilizado”.

Al día siguiente iniciamos el viaje junto al cauce del río Ewaso Nyiro.  Día a día fuimos conociendo interesantes cambios de paisajes: grandes sabanas, pequeñas colinas, riscos con vistas maravillosas, cauces, a veces secos, de varios ríos…

Era época de verano y no vimos gran abundancia de animales que en esos días se agrupan junto a lo que queda de lagos y ríos.  Pero kudus, antílopes, águilas, tortugas, leones, elefantes, jirafas, muchas aves y otros nos alegraron la vida.

Subimos a un macizo rocoso de 1500 metros de altitud, de donde disfrutamos de vistas maravillosas, y bajamos por la garganta del río Lengatoi, famosa por sus enormes y erosionadas rocas de granito.  Una de las zonas geológicas mas viejas del mundo.

Tantos días junto a los nativos tuvimos el placer de conocer muchas de sus costumbres y disfrutar su constante buen humor y amabilidad.  Algo escaso en el mundo “civilizado”.

Teníamos comodidades como buenas tiendas, camas de campaña y duchas, pero la experiencia de caminar y acampar con camellos, nos reveló enriquecedores aspectos de Kenya.  Nunca lo olvidaré

En El Desierto

No se mi edad. Nací en el desierto del Sahara en un campamento nómada, al norte de Mali. He sido el pastor de los asnos, cabras, camellos, corderos y vacas de mi padre. Los Tuareg pastoreamos en un espacio infinito y silencioso, moviéndonos de un lugar a otro según las estaciones. Me despierto con el sol y veo las cabras que nos dan leche y carne. Luego las llevo donde hay agua y hierba, al igual que mi padre y mi abuelo… En ese mundo no hay nada mas y soy feliz.

A los siete años puedes alejarte del campamento para aprender las cosas importantes: oler y saber lo que trae el aire, escuchar y conocer los diferentes sonidos, aguzar la vista y ver cada vez mas cosas, orientarte con el sol y las estrellas. Si te pierdes, dejarte llevar por el camello…

Allí todo es sencillo e importante. Hay pocas cosas, cada una tiene gran valor y ofrece su algo de felicidad. Cada contacto es valioso. Nos alegramos por el solo hecho de tocarnos, estar juntos, jugar… Allí nadie sueña con llegar a ser porque ya uno es.

Ahora estudio en la Universidad de Montpellier, Francia. Cuando vine vi correr la gente en el aeropuerto y me asusté. En el desierto solo corremos cuando viene una tormenta de arena. Observé carteles de chicas casi desnudas y pensé ¿Porqué esa falta de respeto hacia la mujer? Cuando vi las fuentes en las plazas sentí ganas de llorar. Allá el agua es tan preciosa… Aquí tienen de todo pero no les basta, pasan la vida quejándose, compitiendo, corriendo. En el desierto hay paz, nadie se queja, nadie quiere adelantar a nadie…

Añoro la leche de camella, el fuego de leña, caminar descalzo sobre la arena…y las estrellas, que vemos luminosas y cambiantes… Cada día antes de la puesta del sol baja el calor y el frío aun no ha llegado. Hombres y animales regresamos al campamento observando al sol que baja y a un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, naranja. Momentos mágicos… Entramos en la tienda y ponemos agua a hervir… Sentados en silencio oímos como hierve…Damos gracias a Dios y disfrutamos esa paz y ese té…

Caminando…

Desde hace varios años camino por un sendero en El Avila, la bella montaña al norte de Caracas.  Aunque lo hago en horas de trabajo para la mayoría casi siempre me encuentro con otras personas.
Al principio comencé por mirar a la gente en los ojos en señal de saludo, de reconocimiento de su persona, queriendo evitar hacerme el indiferente o despreciativo.  Pero me molestaba cuando alguien no me miraba y parecía ignorarme.
Luego decidí dar los buenos días y observé que algunos me respondían y otros no.  La actitud de estos últimos también me molestaba, y pensaba,  “que amargados, que acomplejados”…
Luego di lo buenos días con mas énfasis, como para obligarlos a contestar.  Casi todos me contestaban, y los que no lo hacían los seguía condenando de amargados, resentidos, etc…
Un día comencé a cuestionarme, “¿Porqué me molesto cuándo me ignoran… por qué…?  Bueno, la verdad es que me molesta que me ignoren, que no me tomen en cuenta…Pero en verdad ese es mi problema…es cuestión de ego, de rollo mental…  Y además, molestarme me hace sentir mal, me hace daño, y nada gano…No me voy a molestar mas.”
Después observé que algunos me miran a los ojos y con ese reconocimiento parecen considerar que es suficiente, que no es necesario abrir la boca para decir buenos días.  Que no hace falta abrir la boca para saludar a alguien.  Pienso que tal vez actúan así para evitar un gasto de energía innecesario…Quizás tienen razón.
Ahora solo miro a los ojos en señal de reconocimiento, contesto a los que me saludan y acepto a los que me ignoran.  Y de estos últimos pienso, “Bueno, tienen sus rollos, sus resentimientos, pobrecitos, ojala pudiera ayudarlos.”… Lo lamento por ellos, no han conocido lo que es el amor en general, ni el amor por ellos mismos, ni por los demás.
Vivir sin saber verdaderamente lo que es amar lo que nos ofrece cada día y especialmente a los demás (que son lo mas importante para nuestra relación vital),  es vivir a medias, es vivir en la confusión, es vivir sin disfrutar realmente de la vida.