Me alegra ver una tarde bellísima, despejada, apenas pocas nubes sobre la cordillera. ¿Cómo estará el mar del otro lado? Desde mi ventanal veo a El Avila, la maravillosa montaña que protege y embellece a Caracas, con unas nubecitas arriba. Las lluvias recientes lo han reverdecido y se ven los grandes árboles con claridad. Ahora recibe los últimos rayos del sol que lo alumbran y alegran con un tono rojizo..
Temprano en la tarde, como frecuentemente lo hago, estuve caminando por un sendero de esa misma montaña. Allí a veces llego cansado y preocupado, pero al poco rato la mente se tranquiliza y va surgiendo el Espíritu que renueva y anima. Me contento de estar en ese ambiente y me siento agradecido.
Ese sendero cubierto de vegetación, esa energía vegetal que me nutre y fortalece. Ese caminar que estimula mi cuerpo y armoniza mi mente. Esos momentos que renuevan y me unen al Espíritu…
Ese caminar con la naturaleza lo considero una práctica excelente para el cuerpo y la mente que debe hacerse con frecuencia. Creo que si muchos mas de nosotros mantuvieran un contacto cercano y frecuente con la naturaleza el mundo estaría mucho mejor, y la naturaleza también…Los quiero.


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