Algunos dicen que los camellos son feísimas avestruces con cuatro piernas. Sin embargo durante varios días al norte de Kenya, gracias a estos animales, disfrutamos una enriquecedora y emocionante experiencia.
Un safari apoyado con camellos que nos permitió una intima conexión con la naturaleza y sus gentes. La mayoría del tiempo no fuimos montados en ellos, gracias a Dios, sino caminando tranquilamente a su lado mientras ellos cargan el equipaje.
Una pareja de ingleses ha estado organizando estas expediciones para promover la conservación de la naturaleza y las costumbres de la región. La idea es que los visitantes aprendan a amar este lugar y sus gentes para que se sientan inspirados a apoyar su conservación.
Para el viajero entusiasmado el safari es lo que importa. La aventura comienza cuando el bimotor aterriza en Laikipia, remoto lugar en Kenya central. De allí en Jeep hasta el primer campamento ubicado bajo acacias y otros frondosos árboles, donde nos encontramos con todo el equipo reunido: 19 camellos y 15 espectaculares nativos de las tribus Samburu, Turkana y Masai. Nos encantó la idea de formar parte de una caravana que va por el monte, pero también el hecho de pasar días alejados del mundo “civilizado”.
Al día siguiente iniciamos el viaje junto al cauce del río Ewaso Nyiro. Día a día fuimos conociendo interesantes cambios de paisajes: grandes sabanas, pequeñas colinas, riscos con vistas maravillosas, cauces, a veces secos, de varios ríos…
Era época de verano y no vimos gran abundancia de animales que en esos días se agrupan junto a lo que queda de lagos y ríos. Pero kudus, antílopes, águilas, tortugas, leones, elefantes, jirafas, muchas aves y otros nos alegraron la vida.
Subimos a un macizo rocoso de 1500 metros de altitud, de donde disfrutamos de vistas maravillosas, y bajamos por la garganta del río Lengatoi, famosa por sus enormes y erosionadas rocas de granito. Una de las zonas geológicas mas viejas del mundo.
Tantos días junto a los nativos tuvimos el placer de conocer muchas de sus costumbres y disfrutar su constante buen humor y amabilidad. Algo escaso en el mundo “civilizado”.
Teníamos comodidades como buenas tiendas, camas de campaña y duchas, pero la experiencia de caminar y acampar con camellos, nos reveló enriquecedores aspectos de Kenya. Nunca lo olvidaré


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