Recuerdo momentos de la adolescencia cuando Oscar, un amigo que ya conocía libros importantes, me enseñaba poemas del Romancero Gitano de Federico García Lorca, y de Andrés Eloy Blanco. Desde entonces me encantaron y comencé a leerlos, aprenderlos de memoria y sentir que me subían el ánimo.
Durante los años de estudio y primeros trabajos continué aficionado a leer y escribir poemas, aunque no con frecuencia. Luego, cuando me fui a vivir a los Estados Unidos comencé a dedicarle mas tiempo a esa afición. Me compré un libro con muchos poemas de autores de habla inglesa y, con calma, los fui leyendo marcando los favoritos y constatando una vez mas como me sube el ánimo leerlos en voz alta o memorizarlos.
Descubrí algunos de varios poetas ingleses y americanos que me gustaron pero fueron Walt Whitman y Edgar Allan Poe, muy diferentes, los favoritos.
Con el tiempo aprendí varios de memoria para compartirlos en las frecuentes reuniones poéticas que ofrecen varios restaurantes, Iglesias y bibliotecas en Nueva York, lo cual me daba gran satisfacción….
Leer poemas en voz alta, varias veces, es comprenderlos mejor y disfrutarlos cada vez mas. Memorizarlos es una interesante aventura en la cual se van revelando sin cesar. Ambas prácticas terapias muy recomendables.


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